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10 de Diciembre de 2014
Palabras de nuestros sacerdotes
Querida comunidad: nuevamente llegamos a otro mes de diciembre. Mes de nuestra FIESTA PATRONAL Y NACIMIENTO DEL SALVADOR.
Palabras de nuestros sacerdotes

Querida comunidad: nuevamente llegamos a otro mes de diciembre. Mes de nuestra FIESTA PATRONAL Y NACIMIENTO DEL SALVADOR. Este 13 de Diciembre honraremos a Santa Lucía bajo el lema: “Con Santa Lucía, miramos la vida y compartimos la alegría del Evangelio”. Queremos meditar cada día de la novena el Evangelio a la Luz de la Exhortación Apostólica “EVANGELII GAUDIUM” del Papa Francisco. A Santa Lucía queremos pedir por todos los que nos han precedido en la fe de esta comunidad y también por los frutos del III Sínodo Arquidiocesano de Paraná. Que tratará sobre el tema “En el contexto de la nueva evangelización, la parroquia al servicio de una vida plena para todos” 

Si reflexionamos sobre que es o debería ser una parroquia, nos ayudaría a valorar o conocer la importancia que tiene para la Iglesia y para nuestro barrio particular. La parroquia, con palabras de E. Bueno, "es la figura de la Iglesia y su imagen más pública". Para la mayoría de los bautizados es el lugar y el ámbito en que lo eclesial se hace accesible y experimentable. Para la mayoría de los no creyentes es en gran medida la referencia concreta que pueden tener de la Iglesia.

¿Cómo se define la parroquia? Según el Vaticano II en SC 42, y CDC 515,1: "Es una determinada comunidad de fieles, constituida de modo estable en la Iglesia particular, para cuya pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco (y vicarios) como sus pastores propios". De esta definición sobresale: No es sólo un territorio sino principalmente, como sucede con la definición de Iglesia particular, una comunidad. No está centrada en el sacerdote sino en el Pueblo de Dios. Se subraya el que tiene que estar en comunión y sintonía con la Iglesia particular.

En otras palabras, la parroquia es: célula viva de la Iglesia diocesana. Donde se vive la comunión de fe, culto y compromiso. Y está formada por bautizados, principalmente, que escuchan juntos la palabra de Dios, celebran los misterios de su fe, anuncian la Buena Nueva y se esfuerzan por transformar cristianamente las realidades temporales.

Hoy se debe fomentar una vivencia de una parroquia como comunidad de comunidades: la parroquia que, de alguna manera representa a la Iglesia visible establecida por todo el mundo (SC 42), y que es como una célula de la diócesis (AA10), y que tiene la misma triple misión que le ha sido encomendada al pueblo de Dios: profética y de evangelización (testimonio de fe), sacerdotal y de celebración (consagración de la realidad temporal), y real y de compromiso (construcción de la Iglesia de la caridad). La parroquia concebida como comunidad de comunidades se sitúa en la óptica de la unidad, comunión, corresponsabilidad y evangelización. Y es capaz de unir en ella pequeñas comunidades o grupos, movimientos especializados, y acciones o vivencias a gran escala.

¿Qué dimensiones eclesiales debe desarrollar y hacer crecer la parroquia?

  1. Profética: vive, a escala personal y comunitaria un testimonio coherente; es capaz de evangelizar y de iluminar y transformar las realidades sociales y existenciales.

  2. Sacerdotal: capaz de consagrar el mundo a Dios; orar personal y comunitariamente y celebrar comunitariamente los sacramentos.

  3. Real: es una Iglesia del compromiso, en su doble vertiente: microcaridad (atención personal) y macrocaridad (transformación de estructuras); sensible a todos los problemas humanos, especialmente los de los más marginados.

  4. Comunión: se vive la comunión y la corresponsabilidad (reparto de tareas y roles; participación en el consejo pastoral; riqueza de ministerios).

¿Qué tipología de parroquias se han dado entre nosotros en estos últimos años?

  1. Preconciliar o de pastoral de cristiandad: -Su misión principal era el culto, lo sagrado. -Importaba más el número, y la masa que la comunidad. -No existía proyecto pastoral. -La catequesis era sólo para los sacramentos. -La responsabilidad recaía en el sacerdote. -Lo social se entendía sólo como caridad. -No había consejos parroquiales. -Los laicos eran sujetos pasivos.

  2. Conciliar o de conservación renovada: -Se reconoce la necesidad de un cambio. -Sigue predominando la catequesis y el culto, pero con un lenguaje teológico renovado y más bíblico. -Mucha importancia a la formación para los jóvenes que se confirman. -Ofrece servicios religiosos más dignos y cómodos. -La preocupación por los pobres es principalmente de tipo caritativo. -Vive eucaristías más participadas, con intervención de laicos. -Hay un mínimo proyecto pastoral. -Sigue siendo el responsable último el párroco, aunque se rodea de un grupo de laicos competentes. -Comienzan a existir en el seno de la parroquia un cierto número de grupos con diversos carismas y ministerios. -El compromiso social sigue siendo más de tipo caritativo que promocional. Insuficiente conocimiento de la realidad y del compromiso a largo plazo.

  3. Modelo postconciliar: -De clara pastoral de misión y de nueva evangelización. -Corresponsabilidad real de los laicos en todas sus dimensiones (comunión y consejos, litúrgico-sacramental, catequética, diakónica o de servicio comprometido). -Insertada en el contexto social, compartiendo problemas sociales. -Necesaria programación pastoral. -Coexisten grupos diversos con sus carismas, siendo comunidad de comunidades. -Mucha importancia a la evangelización y catequesis de todos (también de los adultos). -Clara conciencia diocesana, abierta y de colaboración con los arciprestazgos, y organismos diocesanos (delegaciones).

Pidamos a Santa Lucía a que vivamos la teología de la parroquia teniendo en cuenta que se realice en claves:

- Es sacramento de Cristo, para unir los hombres con Dios y los hombres entre sí. Por eso nos reunimos en nombre de Jesucristo resucitado, presididos por el Padre, animados por el Espíritu Santo, en torno al sacramento de la Eucaristía.

- La parroquia es servidora de la Palabra de Dios: la escucha, la acoge y la hace vida.

- La parroquia se edifica y se sustenta sobre el fundamento de los sacramentos. Principalmente, la Eucaristía, que anticipa la salvación definitiva y es el signo de comunión, compromiso y corresponsabilidad entre todo el Pueblo de Dios.

- La parroquia es testimonial y misionera y, siendo levadura, luz y sal en la masa (Mt 5,13), debe salir al encuentro principalmente de los más pobres.

- Todos somos responsables de la parroquia, porque no es un lugar o piedras muertas. Es el Pueblo de Dios, como piedras vivas, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo.

- La parroquia debe ser y estar abierta y sin fronteras, en comunión con toda la Iglesia, haciendo visible su nota de catolicidad.

- La parroquia, participando de la comunión de los santos y acompañados de María, hace visible y transparente al Señor de la Historia hasta que Él vuelva.

 

Que el Espíritu Santo nos acompañe en este tiempo sinodal para que esto sea una realidad. Les comparto un decálogo para seguir caminando en ese sentido:

- Parroquia diocesana, y no feudal o autónoma.

- Comunidad de seguidores de Jesús, en lugar de estación de servicios.

- Conversión permanente, personal y comunitaria, en lugar de instalación.

- Comunidad de comunidades vivas y responsables, en lugar de masa amorfa.

- Corresponsabilidad de todos, en lugar de clericalismo.

- Pastoral de misión y evangelización, en lugar de mantenimiento.

- Apertura a lo social, en lugar de ghetto cerrado.

- Corresponsabilidad comunitaria, en lugar de religiosidad sociológica.

- Confianza en el Espíritu, en lugar de miedo, resignación, inhibición e inercia.

- Comunidad de Bienaventuranzas, en lugar de privilegios, poderes o prestigio.


Se necesitan, igualmente, nuevas actitudes:

- Del culto al "yo", al sentido comunitario y fraterno.

- De la incomunicación, a la apertura (personal y comunitaria).

- De la obsesión por la eficacia (hacer cosas), a la preocupación por la pedagogía (hacer personas y comunidades).

- Del egoísmo (lo mío), a la generosidad de compartir.

- De la enemistad, envidia, recelo y confrontación, a la estima, confianza y cercanía.

- De la amargura de la crítica sistemática, negativa y destructiva, a la corrección fraterna y ayuda mutua.

- Del miedo al futuro, a la confianza en el Espíritu.

- Del protagonismo personal o de mi grupo, al servicio generoso

- Todo ello con buena dosis de amor, humor y paciencia: no querer todo de inmediato y a corto plazo.

 

¡Feliz Fiesta Patronal y Feliz Navidad!

P. Eduardo y P. Daniel

 

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