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03 de Diciembre de 2015
Presencia eucarística
"Haced esto en conmemoración mía"
Presencia eucarística

“Haced esto en conmemoración mía” (Lc.22,19). Partiendo de esta orden dada por Cristo, ha originado un desarrollo litúrgico considerable, que se ha ampliado en el transcurso de los siglos, en donde se han organizado las plegarias, los ritos y las lecturas con las que la comunidad cristiana se esfuerza por participar, lo más intensamente posible, en un memorial instituido por el Salvador.

En los primeros, siglos la Eucaristía era adorada públicamente solo durante el tiempo de la Misa y de la Comunión. La conservación de la Hostia consagrada, originariamente estaba prevista para llevar la Comunión a los enfermos y a los ausentes.

En el Siglo XII se introduce un nuevo rito en la celebración de la Misa: la elevación de la Hostia consagrada en el momento de la consagración. Esto constituye una invitación a reconocer más expresamente la presencia de Cristo y a adorarlo. A mediados del Siglo XIII, el Papa Urbano IV instituye la fiesta de Corpus Christi, para “adorar, venerar, glorificar, amar y abrazar este sacramento tan excelso” (Bula Papal).

En el Siglo XIV se introduce el uso de la exposición de la Hostia en el ostensorio; después el Santísimo era expuesto durante el rezo de las horas; las bendiciones con el Santísimo se fueron multiplicando; y a finales del Siglo XV se afirma la práctica de las ‘Cuarenta Horas’ delante del Santísimo expuesto en memoria de las horas pasadas por el Señor en el sepulcro.

Como los luteranos y los calvinistas habían desacreditado la presencia real de Cristo en la Eucaristía, los católicos pusieron empeño en defender el realismo eucarístico, multiplicaron las profesiones de fe en la presencia permanente de Nuestro Señor en la Eucaristía. Las procesiones eucarísticas no fueron suficiente, pronto se introdujo la costumbre de mostrar a los fieles el Santísimo Sacramento. Para facilitar este acto se utilizaron ostensorios que servían para la exposición de las reliquias. Estos relicarios eran muy apropiados, pues permitían que se fijara la vista en la reliquia a través de la transparencia de un vidrio o un cristal. No había más que adaptarlas a la nueva función eucarística por medio de custodias o de lúnulas. A partir de un cilindro transparente, que se levantaba sobre una base y contenía la hostia; en el barroco se desarrolló la custodia en forma de rayos de sol.

Ante la exposición del Santísimo Sacramento nuestra actitud ha de ser de profundo respeto y adoración, haciendo reverencia con inclinación o genuflexión.

“…después de la consagración del pan y del vino, Nuestro Señor Jesús Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, está contenido verdaderamente, realmente y substancialmente bajo la especie de aquellas cosas sensibles.” (Concilio de Trento- 1542).

Bibliografía: “Eucaristía, sacramento de vida nueva” –Comité para el jubileo del año 2000

“La Eucaristía” –Mateo Bautista

Colaboración: Olga N. Herrlein

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